¿Cómo reconocer a un niño hiperactivo?
En la vida diaria, nos encontramos con adultos que tienden a etiquetar a los niños con facilidad y sin una base adecuada de conocimiento científico real.
Para evitar este tipo de actitudes que pueden ser dañinas para la autoestima del niño, e incluso pueden conducir a la discriminación, debemos conocer los rasgos de personalidad que definen a un niño hiperactivo, para poder diferenciarlo de un niño neurotípico o "normal".
NIÑO HIPERACTIVO:
* Interrumpe conversaciones, juegos, actividades ajenas.
* No respeta los turnos, o las reglas de un juego.
* Presenta continua actividad motriz, es decir, no puede estar quieto en un asiento o en un sitio de pie, porque constantemente se retuerce, se mueve, da golpes con el pie, mantiene inquietas las piernas etc.
* Camina de un lado a otro o trepa a las sillas, mesas, en momentos no adecuados.
* No puede llevar a cabo actividades o juegos tranquilos.
* Habla demasiado, insiste en sus deseos de una manera impaciente.
* Tiene dificultades para obedecer y para agradecer.
* Da respuestas anticipadas o interrumpe al que está preguntando algo.
Estas características son típicas de un niño hiperactivo, pero, debemos considerar que no todos los niños que juegan mucho o son "inquietos" pueden considerarse como hiperactivos estrictamente hablando.
Habiendo en la actualidad tanta controversia al respecto, la ciencia trata de ser una mediadora efectiva y parar la discusión. El punto central para diferenciar entre un niño "inquieto" o "movido" con un niño hiperactivo va en relación con las repercusiones negativas que el niño puede sufrir en su vida diaria, ya sea en casa, o en la escuela.
* Si tu hijo es tan inquieto, que esto le produce problemas para poner atención a lo que se le dice, y tiene dificultades para aprender, puede necesitar ayuda.
* Si tu hijo tiene conflictos con otras personas, o niños de su edad, porque su excesivo movimiento físico interrumpe una clase, o interfiere con alguna actividad grupal y le dificulta integrarse con los demás, puede necesitar ayuda.
¿Qué debemos hacer como padres?
Van mis recomendaciones como médico y como madre.
1. EMPATÍA
Consideremos la palabra empatía. La empatía aplicada a nuestro hijo. Sal por un momento de tu mente adulta. Olvídate de las obligaciones, del trabajo, de los pendientes, de los pagos por realizar, de la limpieza de la casa, etc. Recuerda. Un día (hace no tanto tiempo) tú fuiste niño. Trae a tu mente lo que pensabas, lo que sentías cuando eras niño. Date cuenta de que un niño está descubriendo el mundo. Todo es nuevo para él. Lo que para ti es simple, para él es complejo. Lo que tú das por sentado, el niño lo está empezando a entender.
2. PACIENCIA
¡Qué palabra tan especial! En esta era época de resultados inmediatos, cuando a un solo toque del dedo obtenemos una recompensa en un dispositivo electrónico, cuando podemos enviar un correo y es recibido en minutos, cuando podemos efectuar una transferencia de dinero un sábado a media tarde, y es recibida rápidamente, pedir paciencia es bastante complicado. Y para los niños lo es más. Entonces ¿Qué podemos hacer? Reflexionar. ¿Amas a tu hijo? Seguramente sí, y por eso estás leyendo esto. Para tratar de ayudarlo. Olvídate de tus propios prejuicios. Olvídate de tus propias expectativas. Relájate. Saca lo más bonito de ti. Deja atrás las malas experiencias vividas en tu infancia. Esfuérzate por controlarte. Es como escribir en una hoja en blanco. Esta limpia, no la contamines con tu propia ansiedad, con tus miedos, con tu mal genio. Al principio es difícil. Es como un camino lleno de baches, a veces se avanza muy bien, otras veces retrocedemos. Pero el objetivo NO es ser perfectos, sino, esforzarnos, para que cada vez seamos mejores padres, tengamos más paciencia y tratemos con más amor a la persona a quien más amamos en este mundo: nuestro hijo. Si lo has intentado todo, y no puedes ser paciente, acude a un terapeuta. A veces tenemos que pedir ayuda. Y no es malo. Por el contrario, es muy positivo y beneficioso.
3. ACUDIR CON UN ESPECIALISTA.
Si la situación está saliéndose de control, si te llaman frecuentemente de la escuela para darte quejas, si las madres de otros niños te reclaman porque tu hijo molesta a los suyos, porque les pega, porque no puede integrarse con ellos, si tu hijo no aprende, si no atiende a las clases... ACTÚA.
Muchas veces tenemos miedo de llevar a nuestros hijos con un psicólogo, o con un neurólogo. Otra vez permitimos que nuestros prejuicios asomen. Déjalos atrás y piensa solo en tu hijo. Haz lo correcto. Una consulta con un especialista podrá corroborar o descartar tus sospechas y seguramente recibirás la mejor orientación, terapia (y tal vez medicación) adecuadas al caso particular de tu hijito.
Pruebas y test psicológicos y conductuales llevarán al diagnóstico definitivo. ¿Es mi hijo un niño "inquieto" o realmente es hiperactivo? ¿Existe alguna otra comorbilidad? Recuerda que la hiperactividad puede ser síntoma de alteraciones neurológicas como: Trastorno por déficit de atención e hiperactividad, Espectro Autista, enfermedades físicas, metabólicas etc.
En la siguiente entrada, compartiré recomendaciones y consejos para lograr captar y mantener la atención de los niños hiperactivos.
¡Un abrazo de colores!
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